El sinsentido de viajar por el mundo para jugar en estadios vacíos

El Abierto de Miami, arrancó este martes, con torneo de tenis de categoría Masters 1000 masculina, WTA 1000 femenina, que se disputa en las pistas de esta ciudad en el estado norteamericano de Florida.

En lo que va de mes ya se han disputado campeonatos en Dubái (Emiratos), Acapulco (México), Róterdam (Países Bajos), Buenos Aires (Argentina), Doha (Catar), Marsella (Francia) y Santiago de Chile. Durante 2021 el circuito también ha visitado Australia, Singapur y Turquía, además de otras competiciones en tierras francesas, argentinas y estadounidenses. Y eso quedándonos solo con la ATP; si incorporamos los destinos que han acogido competiciones exclusivas de mujeres, la lista se hace interminable.

Sedes muy diferentes y alejadas entre sí, campeonatos de distinto nivel, prestigio y premios, superficies muy variadas, pero en todos los casos hay un elemento común. Las gradas siempre estaban igual de vacías, o con enormes restricciones de aforo en el mejor de los casos (el torneo mexicano, por ejemplo, autorizaba un máximo del 30 % de la capacidad en los asientos).

La pandemia del coronavirus que aún no nos hemos conseguido quitar de encima (confiemos en que la vacunación pronto sea masiva y dé los resultados esperados) desaconseja las reuniones multitudinarias en las que el virus se transmitiría con facilidad, por lo que el público no puede acceder a las tribunas a ver a sus ídolos.

Los mismos motivos de seguridad fuerzan a los profesionales de la raqueta a permanecer confinados en sus hoteles, guardando la cuarentena preceptiva. Nada de salir, nada de mezclarse con la población local, nada de hacer algo de turismo.

El francés de 31 años, actual 33º del mundo (en su momento llegó al puesto 18), lo ha dejado claro en una publicación en su cuenta de Instagram.

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